Arts, science, social science, and mysticism—Julian Carrillo and the 13th Sound, Michael Servetus, Poetry,Preventing the abuse of alcohol and drugs, Human sexuality, Carl Sagan, Jorge Negrete, Mexico

mariposa ...y porque era el alma mía
l'alma de las mariposas...

Romances

Poesía

El romance es una de las formas más típicas de la lengua castellana. Transmitidos por tradición oral, los romances fueron fijados por escrito en diferentes épocas, por lo que los estudiosos han podido rastrear la evolución de muchos de ellos y sus diversas variantes en el tiempo y el espacio. Algunos corridos mexicanos proceden de romances muy antiguos.


Índice

Romance de cómo vino el Cid
a besar las manos del rey sobre seguro

Caminaba Diego Laínez
al buen rey besar la mano;
consigo se los llevaba
los trescientos hijosdalgo.
Entre ellos iba Rodrigo
el soberbio castellano;
todos cabalgan a mula,
sólo Rodrigo a caballo;
todos espadas ceñidas,
Rodrigo estoque dorado;
todos con sendas varicas,
Rodrigo lanza en la mano;
todos guantes olorosos,
Rodrigo guante mallado;
todos sombreros muy ricos,
Rodrigo casco afilado,
y encima del casco lleva
un bonete colorado.
Andando por un camino,
unos con otros hablando,
allegados son a Burgos;
con el rey se han encontrado.
Los que vienen con el rey
entre sí van razonando:
unos lo dicen a quedo,
otros lo van preguntando:
—Aquí viene entre esta gente
quien mató al conde Lozano.
Como lo oyera Rodrigo,
en hito los ha mirado:
con alta y soberbia voz
de esta manera ha hablado:
—Si hay alguno entre vosotros,
su pariente o adeudado,
que se pese de su muerte,
salga luego a demandallo;
yo se lo defenderé
quiera a pie, quiera a caballo.
Todos responden a una
—Demándelo su pecado.
Todos se apearon juntos
para el rey besar la mano;
Rodrigo se quedó solo
encima de su caballo.
Entonces habló su padre,
bien oiréis lo que ha hablado:
—Apeaos vos, mi hijo,
besaréis al rey la mano;
porque él es vuestro señor,
vos, sois su vasallo.
Desque Rodrigo esto oyó
sintióse más agraviado;
las palabras que responde
son de hombre muy enojado:
—Si otro me lo dijera,
ya me lo hubiera pagado;
mas por mandarlo vos, padre,
yo lo haré de buen grado.
Ya se apeaba Rodrigo
para al rey besar la mano;
al hincar de la rodilla,
el estoque se ha arrancado.
Espantóse de esto el rey,
y dijo como turbado:
—Quítate Rodrigo, allá,
quítateme allá, diablo,
que tienes gesto de hombre,
y los hechos de león bravo.
Como Rodrigo estó oyó,
apriesa pide el caballo:
con una voz alterada,
contra el rey así ha hablado:
—Por besar mano de rey
no me tengo por honrado;
porque la besó mi padre
me tengo por afrentado.
En diciendo estas palabras
salido se ha del palacio:
consigo se los tornaba
los trescientos hijosdalgo:
si bien vinieron vestidos,
volvieron mejor armados,
y si vinieron en mulas,
todos vuelven a caballo.

[Índice]

Romance del Cid RuiDíaz

Por el val de las Estacas
el buen Cid pasado había:
a la mano izquierda deja
la villa de Constantina.
En su caballo Babieca,
muy gruesa lanza traía;
va buscando al moro Abdalla,
que enojado le tenía.
Travesando un antepecho,
y por una cuesta arriba,
dábale el sol en las armas,
¡oh, cuán bien que parecía!
Vido ir al moro Abdalla
por un llano que allí había,
armado de fuertes armas,
muy ricas ropas traía.
Dábale voces el Cid;
desta manera decía:
—Espéresme, moro Abdalla,
no muestres tu cobardía.
A las voces que el Cid daba,
el moro le respondía:
—Mucho tiempo há, el Cid,
que esperaba yo este día,
Porque no hay hombre nacido
de quien yo me escondería;
porque desde mi niñez
siempre huí de cobardía.
—Alabarte, moro Abdalla,
poco te aprovecharía;
mas si eres cual tú hablas
en esfuerzo y valentía,
a tiempo eres venido,
que menester te sería.
Estas palabras diciendo,
contra el moro arremetía;
encontróle con la lanza,
y en el suelo lo derriba;
cortárale la cabeza,
sin le hacer cortesía.

[Índice]

Romance que dicen:
Abenámar, Abenámar

—¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida:
moro que en tal signo nace,
no debe decir mentira.
—No te la diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho
mi madre me lo decía
que mentira non dijese,
que era grande villanía:
Por tanto pregunta, rey,
que la verdad te diría.
—Yo te agradezco Abenámar,
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!
—El Alhambra era, señor,
y la otra la mezquita;
los otros los Alixares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra
otras tantas se perdía,
desque los tuvo labrados
el rey le quitó la vida
porque no labre otros tales
al rey de Andalucía.
El otro Generalife,
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,
castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada,
contigo me casaría;
daréte en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene,
muy grande bien me quería.
Allí habla el rey don Juan,
estas palabras decía:
—Échenme acá mis lombardas
doña Sancha y doña Elvira,
tiraremos a lo alto,
lo bajo ello se daría.
El combate era tan fuerte
que grande temor ponía:
los moros del baluarte,
con terrible algacería
trabajan por defenderse,
más facello no podían.
El rey moro que esto vido
préstamente se rendía,
y cargó tres cargas de oro;
al buen rey se las envía:
prometió ser su vasallo
con parias que le daría.
Los castellanos quedaron
contentos a maravilla:
cada cual por do ha venido
se volvió para Castilla.

[Índice]

Romance del Conde Arnaldos

¡Quién hubiese tal ventura
sobre las aguas del mar,
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!
Con el falcón en la mano,
la caza iba cazar;
vio venir una galera
que a tierra quiera llegar.
Las velas traia de seda,
la ejercia de un cendal,
marinero que la manda
diciendo viene un cantar
que la mar facía en calma,
los vientos hace amainar,
los peces que andan n'el hondo,
arriba los hace andar,
las aves que andan volando
en el mástil face posar.
Allí fabló el conde Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
—Por Dios te ruego el marinero,
dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fué a dar:
—¡Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va!

[Índice]

El desesperado

—Madre mía, si me muero
deste mal que Dios me ha dado,
por mí no toquen campanas
ni me entierren en sagrado;
que me hagan sepultura
a orillas de un verde prado,
donde no pasen ovejas
ni otra clase de ganado;
por cabecera me pongan
un canto de oro labrado
con un letrero que diga:
"Ya murió un desesperado:
no murió de calenturas,
ni de dolor de costado,
¡que murió de mal de amores,
que es un mal desesperado!"

[Índice]

Romance de la misa de amor

Mañanita de San Juan,
mañanita de primor,
cuando damas y galanes
van a oir misa mayor.
Allá va la mi señora,
entre todas la mejor;
viste saya sobre saya,
mantellín de tornasol,
camisa de oro con perlas
bordada en el cabezón.
En la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca,
un poquito de arrebol,
y en los sus ojuelos garzos,
lleva un poco de alcohol.
Así entraba por la iglesia
relumbrando como un sol.
Las damas mueren de envidia
y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro
en el credo se perdió;
el abad que dice misa
ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan
no aciertan responder, non;
por decir amén, amén,
decían amor, amor.

[Índice]

La esposa infiel

Mañanita, mañanita,
mañanita de San Simón,
estaba una señorita,
sentadita en su balcón,
arreglada y bien compuesta
con un poco de primor.
Al pasar el caballero,
hijo del emperador,
con la bandurria en la mano,
esta canción le cantó:
—Dormiré contigo, Luna;
dormiré contigo, Sol.
La joven le contestó:
—Venga usté una noche o dos;
mi marido esta cazando
en los montes de León.
—Para que no vuelva más
le echaré una maldición:
"Cuervos le saquen los ojos,
águilas el corazón,
y los perros con que él caza
lo saquen en procesión".
Al decir estas palabras
el caballero llegó.
—Ábreme la puerta, Luna,
ábreme la puerta, Sol,
que traigo un león vivo,
de los montes de León.
Va Luna a abrirle la puerta,
mudadita de color.
—¡O tú tienes calentura
o tú tienes nuevo amor!
—Yo no traigo calentura,
ni tampoco nuevo amor;
¡se me han perdido las llaves
de tu rico comedor!
—Un platero tengo en Francia
y otro tengo en Aragón.
Fue a abrazar a su señora
y el caballo relinchó.
—¿De quién es ese caballo
que en mi cuadra siento yo?
—Ese es tuyo, dueño mío,
mi padre te lo mandó,
pa' que vayas a cazar
a los montes de León.
—Mil gracias dale a tu padre
que caballo tengo yo;
cuando yo no lo tenía
nunca me lo regaló.
¿De quién es ese sombrero
que en mi percha veo yo?
—Ese es tuyo, esposo mío,
mi padre te lo mandó,
pa' que vayas a la boda
de mi hermana la mayor.
—Muy feliz sea tu hermana,
que sombrero tengo yo,
cuando yo no lo tenía
nunca me lo regaló.
¿De quién es esa escopeta
que en mi rincón veo yo?
—Esa es tuya, amado mío,
mi padre te la mandó,
pa' que fueras a cazar
a los montes de León.
—Mil gracias dale a tu padre,
que escopeta tengo yo;
cuando yo no la tenía
nunca me la regaló.
El joven ya con sospechas,
a la cama se acercó.
—¿Quién es este caballero,
que en mi cama veo yo?
—¡Mátame, marido mío,
que te he jugado traición!
Él la cogió por un brazo
y al suegro se la llevó.
—Téngala usté, suegro mío,
que me ha jugado traición.
—Llévatela, yerno mío,
que la Iglesia te la dio.
Él con ira la amenaza
y al campo se la llevó.
Le ha dado una puñalada
que el corazón le enfrió.
A la una murió ella,
a las dos murió su amor,
y el otro como tunante
en la cama se quedó.

[Índice]

La Martina

Corrido mexicano

Quince años tenia Martina
cuando su amor me entregó;
a los dieciséis cumplidos
una traición me jugó.
Y estaban en la conquista
cuando el momento llegó:
—¿Qué estás haciendo Martina
que no estás en tu color?
—Aquí me he estado sentada
no me he podido dormir,
si me tienes desconfianza
¡no te separes de mí!
—¿De quién es esa pistola?,
¿de quién es ese reloj?,
¿de quién es ese caballo
que en el corral relinchó?
—Ese caballo es muy tuyo
tu papa te lo mandó
pa' que fueses a la boda
de tu hermana la menor.
—¡Yo pa' qué quiero caballo
si caballo tengo yo,
lo que quiero es que me digas
quién en mi cama durmió!
—En tu cama nadie duerme
cuando tú no estás aquí
si me tines desconfianza
¡no te separes de mí!
Y la tomé de la mano
a sus papás la llevé:
—¡Suegros aquí está Martina
que una traición me jugó!
—Llévatela tú mi yerno
que la Iglesia te la dio:
¡si ella te ha traicionado
la culpa no tengo yo!
Hincadita de rodillas
nomás seis tiros le dí,
y el amigo del caballo
¡ni por la silla volvió!

[Índice]

Doncella guerrera

Estaba un día un buen viejo
sentado en un campo al sol.
—Pregonadas son las guerras
de Francia con Aragón...
¿Cómo las haré yo, triste,
viejo, cano y pecador?
De allí se fue para su casa
echando una maldición:
—¡Reventáres tú, María,
por medio del corazón:
que pariste siete hijas
y entre ellas ningún varón!
La más chiquita de ellas
salió con buena razón.
—¡No la maldigáis, mi padre,
no la maldigades, non;
que yo iré a servir al rey
en hábitos de varón!
Compraréisme vos, mi padre,
calcetas y buen jubón,
daréisme las vuestras armas,
vuestro caballo trotón.
—¡Conoceránte en los ojos,
hija, que muy bellos son!
—Yo los bajaré a la tierra
cuando pase algún varón.
—¡Conoceránte en los pechos
que asoman por el jubón!
—Esconderélos, mi padre;
al par de mi corazón.
—¡Conoceránte en los pies,
que muy menudinos son!
—Pondréme las vuestras botas
bien rellenas de algodón...
¿Cómo me he de llamar padre,
cómo me he de llamar yo?
—¡Don Martinos, hija mía,
que así me llamaba yo!
Y era en palacio del rey
y nadie la conoció,
sino es el hijo del rey
que della se enamoró.
—¡Tal caballero, mi madre,
doncella me pareció!
—¿En qué lo conocéis, hijo,
en qué lo conocéis vos?
—En poner el su sombrero
y en abrochar el jubón,
y en poner de las calcetas,
¡mi Dios, cómo ella las pon!
—Brindaréisle vos, mi hijo,
para en las tiendas mercar;
si el caballero es hembra
¡corales querrá llevar!
El caballero es discreto
y un puñal tomó en la man.
—¡Los ojos de don Martinos
roban el alma al mirar!
—Brindaréisla vos, mi hijo,
al par de vos acostar;
si el caballero era hembra,
tal convite non quedrá.
El caballero es discreto
y echóse sin desnudar.
—¡Los ojos de don Martinos
roban el alma al mirar!
—Brindaréisla vos mi hijo,
a ir con vos a la mar.
Si el caballero era hembra,
él se habrá de acobardar.
El caballero es discreto,
luego empezara a llorar.
—¿Tú que tienes don Martinos,
que te pones a llorar?
—Que se me ha muerto mi padre,
y mi madre en eso va:
si me dieran la licencia
fuérala yo a visitar.
—Esa licencia, Martinos,
de tuyo la tienes ya.
Ensilla un caballo blanco,
y en él luego ve a montar.
Por una vegas arriba
corre como un gavilán,
por otras vegas abajo
corre sin le divisar.
—¡Adiós, adiós, el buen rey,
y su palació real;
que siete años le serví
doncella de Portugal,
y otros siete le sirviera
si non fuese al desnudar!
Oyólo el hijo del rey
de altas torres donde está,
reventó siete caballos
para poderla alcanzar.
Allegando ella a su casa,
todos la van abrazar.
Pidió la rueca a su madre
a ver si sabía filar.
—Deja la rueca, Martinos,
non te pongas a filar;
que si de la guerra vienes,
a la guerra has de tornar.
¡Ya están aquí tus amores,
los que te quieren llevar!

[Índice]

La infanticida

En un lugar junto a Francia,
en una pequeña aldea,
hay un mercader muy rico,
tratante de paño y seda,
el cual tiene un hijo Pepe
que es muy parlanchín de lengua;
todo lo que pasa en casa
a su padre se lo cuenta.
—Dime, hijo, quién entra en casa.
—Padre, el alférez entra,
y se meten en el cuarto
como si maridos fueran.
Al otro día en la mañana
su padre se fue a la feria.
Ha dejado a su hijo Pepe
escondío tras la puerta.
La pícara de la madre
de matar al hijo intenta.
Le ha cogido entre las piernas,
le ha cortado la cabeza,
[le ha trozado el alma entera]
y le ha sacado la lengua.
La ha cogido entre dos platos
y al alférez se la entrega:
—Miré usted, señor alférez,
ésta es la lengua parlera.
—¡Señora, se les castiga,
pero no de esa manera;
se les pega cuatro azotes,
se les envía a la escuela!
Al otro día en la mañana,
su padre viene 'e la feria.
—¿Dónde está mi hijo Pepe
que a recibirme saliera?
—No he hecho más que darle pan;
se ha marchado en ca su abuela.
Todo el mundo le conoce,
no hay cuidado que se pierda.
Marido, ¿si quie's cenar,
que te tengo rica cena,
la cabeza de un cabrito,
la lengua de una cordera?
Estando partiendo el pan,
al quitar la tapadera,
cae una carta del cielo
diciendo de esta manera:
—Padrecito de mi vida,
no comas de esa cazuela,
que ha salido 'e tus entrañas;
¡quiera Dios que a ellas no vuelvan!
—¿Qué has hecho, cara traidora?
¿Qué has hecho traidora perra?
Estando en estas palabras
los demonios se la llevan;
por encima los tejados
al infierno van con ella,
pa' que escarmienten viudas,
casaditas y doncellas.

[Índice]

Lloraba la niña

Luis de Góngora y Argote

Lloraba la niña
(y tenía razón)
la prolija ausencia
de su ingrato amor.
Dejóla tan niña,
que apenas, creo yo,
que tenía los años
que há la dejó.
Llorando la ausencia
del galán traidor,
la halla la Luna
y la deja el Sol,
añadiendo siempre
pasión a pasión,
memoria a memoria,
dolor a dolor.
Llorad corazón,
que tenéis razón.

Dícele su madre:
"Hija, por mi amor,
que se acabe el llanto,
o me acabe yo."
Ella le responde:
"Non podrá ser, no;
las causas son muchas,
los ojos son dos.
Satisfagan, madre,
tanta sinrazón,
y lágrimas lloren
en esta ocasión,
tantas como dellos
un tiempo tiró
flechas amorosas
el arquero Dios.

Ya no canto, madre,
y si canto yo,
muy tristes endechas
mis canciones son:
porque el que se fué
con lo que llevó
se dejó el silencio
y llevó la voz"
Llorad corazón,
que tenéis razón.

[Índice]

Muerte de Antoñito el Camborio

Federico García Lorca

Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los eriales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
—Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil.
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
—Mis cuatro primos Heredias,
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
—¡Ay Antoñito el Camborio,
digno de una emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
—¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.
Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.

[Índice]


regresar Poesía

Romances | Poesía religiosa (1) | Poesía religiosa (2)
La muerte | Poesía náhualtl | Poesía indigenista
Sor Juana | Díaz Mirón | Rubén Darío
Amado Nervo | José Santos Chocano | Gabriela Mistral
Torres Bodet | López Méndez | Salvador Novo
"Pita" Amor I | "Pita" Amor II | Xavier Villaurrutia
Martín Galas, jr. | Ernesto Solís Winkler
Vínculos | Ortografía fonémica


Espacio Cultural-Home

Sonido 13 | The Thirteenth Sound || Miguel Servet | Michael Servetus
Poesía | Oraciones | Alcohol, drogas y sexualidad
Carl Sagan | Jorge Negrete | México | Mundo
Diversos/Links | Ernesto Solís Winkler

TOLMUN | ITESM Campus Toluca

Comentarios y sugerencias son bienvenidos:

esoliswinkler@itesm.mx
esoliswinkler@itesm.mx

(Ernesto Solís Winkler)

Última modificación 1/12/2003 6:03:45 PM

http://tecweb.tol.itesm.mx/esolisw/

40tude HTML

Rosa ...el Señor que lo veía
a mi paso sembró rosas.
Rafael Arévalo Martínez