Arts, science, social science, and mysticism—Julian Carrillo and the 13th Sound, Michael Servetus, Poetry,Preventing the abuse of alcohol and drugs, Human sexuality, Carl Sagan, Jorge Negrete, Mexico

mariposa ...y porque era el alma mía
l'alma de las mariposas...

Poesía a la muerte

Poesía

La muerte es uno de los acontecimientos más importantes en nuestras vidas, y, por tanto, ha sido una fuente constante de inspiración para los poetas.


Índice


La danza de la muerte

Anónimo, siglo XV

Dize la muerte

A la danza mortal venit los nacidos
que en el mundo sos de cualquiera estado,
el que non quisiere, a fuerza e amidos
fazerle he de venir muy toste priado.
Pues que ya el fraire os ha predicado
que todos bayáes a facer penitencia,
el que non quisiere poner diligencia
por mí no puede ser más esperado...

E porque el Santo Padre es muy alto señor
que en todo el mundo non hay su par,
e desta mi danza será guiador,
desnude su capa, comience a sotar.
Non es ya tiempo de perdones dar,
nin de celebrar en grande aparato,
que yo le daré en breve mal rato:
danzad, Padre Santo, sin más detardar.

Dize el Santo Padre

¡Ay de mí, triste, qué cosa tan fuerte,
a yo que tractava tan grand prelasía,
aber de pagar agora la muerte
e non me valer lo que dar sofía!
Beneficios e honras e grand señoría,
tove en el mundo pensando bevir,
pues de ti, Muerte, non puedo fuir,
balme, Ihesucristo e la Virgen María.

Dize la Muerte

Non os enojedes, señor Padre Santo,
de andar en mi danza que tengo ordenada,
nos vos baldrá el bermejo manto,
de lo que fezistes abredes soldada.
Non os aprovecha echar la cruzada,
proveer de obispos nin dar beneficios,
aquí moridedes sin facer más bollicios.
¡Danzad, imperante, con cara pagada!

Dize el Emperador

¿Qué cosa es ésta que atán sin pavor
me lleva a su danza a fuerza sin grado?
Creo que es la Muerte, que non ha dolor
de ome, que grande o cuitado.
¿No hay ningund rey nin duque esforzado
que della me pueda agora defender?
¡Acorredme todos! Mas non puede ser
que ya tengo della el seso turbado...

Dize el Condestable

Yo vi muchas danzas de lindas doncellas,
de dueñas fermosas de alto linaje,
mas segunt me paresce no es ésta dellas,
ca el tañedor trahe feo visaje.
¡Venid, camarero!: Dezid a mi paje
que traiga el cavallo, que quiero fuir,
que ésta es la danza que dizen morir:
¡si della escapo, tener me han por saje!

Dize la muerte

Fuir non conviene al que ha de estar quedo.
¡Estad, condestable! ¡Dexat el caballo!
Andad en la danza alegre muy ledo,
sin facer ruido, ca yo bien me callo.
Mas verdad os digo que al cantar del gallo
seredes tornado de otra figura,
allí perderedes vuestra fermosura.
¡Venid vos, obispo, a ser mi vasallo!

Dize el Físico

¡Mintiome sin dubda el fin de Avicena
que me prometió muy luengo bevir,
figiéndome bien a yantar y cena,
dexando el bever después del dormir!
Con esta esperanza pensé conquerir
dineros e plata enfermos curando,
mas agora veo que me va llevando
la muerte consigo: conviene sofrir.

Dize la Muerte

Pensaste bos, físico, que por Galeno
o don Ypocrás con sus inforismos
seríades librado de comer del feno,
que otros gastaron de más sologismos;
non vos valdrá fazer gargarismos,
componer xaropes nin tener dieta.
Non se si lo oístes: yo so la que apreta.
¡Venid vos, don cura, dexad los bautismos!

Dize el Cura

Ya non es tiempo de yazer al sol
con los parroquianos beviendo del vino,
yo vos mostraré un remifasol
que agora compuse de canto muy fino.
Tal como a vos quero aber por bezino
que muchas ánimas tovistes en gremio:
segunt las registes abredes al premio.
¡Dance el labrador que viene del molino!

Dize el Labrador

¿Cómo conviene danzar al billano
que nunca la mano sacó de la reja?
Busca si te plaze quien danze liviano,
déxame, Muerte, con otro trebeja!
Ca yo como tocino e a bezes obeja,
e es mi oficio trabajo e afán,
arando las tierras para sembrar pan
por ende non curo de oír tu conseja.

Dize la Muerte

Si vuestro trabajo fue siempre sin arte
non faciendo furto en la tierra agena,
en la gloria eternal abredes grand parte,
e por el contrario sufridedes pena.
Pero con todo eso poned la melena,
allegadvos a mí yo vos buiré
lo que a otros fize a vos las faré.
E vos monje negro, tomad buen estrena...

Lo que dice la Muerte
a los que non nombró

A todos los que aquí no he nombrado
de cualquiera ley, estado o condición,
les mando que vengan muy toste priado
a entrar en mi dança sin escusación.
Non recibiré jamás exebción,
nin otro libelo nin declinatoria:
los que bien fizieron abrán siempre gloria;
los que'l contrario abrán dapnación.

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De las vanidades del mundo

Ferrat Sánchez Calavera (mitad s. XV)

Por Dios, señores, quitemos el velo
que turba e ciega así nuestra vista;
miremos la muerte qu'el mundo conquista
lanzando lo alto e baxo por suelo.
Los nuestros gemidos traspasen el cielo
a Dios demandando cada uno perdón
de aquellas ofensas que en toda sazón
le fizo el viejo, mancebo, mozuelo.

Ca non es vida la que bevimos,
pues que biviendo se viene llegando
la muerte cruel, esquiva; e cuando
pensamos bevir, estonce morimos.
Somos bien ciertos dónde nascimos;
mas no somos ciertos a dónde moremos.
Certidumbre de vida un ora non avemos;
Con llanto venimos, con llanto nos imos.

¿Qué se fizieron los emperadores,
papas e reyes, grandes perlados,
duques e condes, cavalleros famados,
los ricos, los fuertes e los sabidores,
e cuantos servieron lealmente amores
faziendo sus armas en todas las partes,
e los que fallaron ciencias e artes,
doctores, poetas e los trobadores?

¿Padres e fijos, hermanos, parientes,
amigos, amigas, que mucho amamos,
con quien comimos, bevimos, folgamos,
muchas garridas e fermosas gentes,
dueñas, doncellas, mancebos valientes
que logran so tierra las sus mancebías,
e otros señores que ha pocos días
que nosotros vimos aquí estar presentes?

¿El duque de Cabra e el almirante
e otros muy grandes asaz de Castilla,
agora Ruy Díez, que puso mancilla
su muerte a las gentes en tal estante
que la su grant fama fasta en Levante
sonava en proeza e en toda bondat
que en esta grant corte luzié por verdat
su noble meneo e gentil semblante?

Todos aquestos que aquí son nombrados,
Los unos son fechos cenizas e nada;
Los otros son huesos, la carne quitada
E son derramados por los fonsados;
Los otros están ya descoyuntados,
cabeças sin cuerpos, sin pies e sin manos;
los otros comienzan comer los gusanos;
los otros acaban de ser enterrados.

Pues ¿dó los imperios e dó los poderes,
reínos, rentas e los señoríos,
a dó las empresas, a dó los traheres?
¿A dó las cïencias, a dó los saberes,
a dó los maestros de la poetría;
a dó los rimares de grant maestría,
a dó los cantares, a dó los tañeres?

¿A dó los thesoros, vasallos, servientes,
a dó las firmalles, piedras precïosas;
a dó el aljófar, posadas costosas,
a dó el algalia e aguas olientes?
¿A dó paños de oro, cadenas luzientes,
a dó los collares, las jarreteras,
a dó peñas grisses, a dó peña veras,
a dó las sonajas que van retinentes?

¿A dó los combites, cenas e ayantares,
a dó la justas, a dó los torneos,
a dó nuevos trajes, estraños meneos,
a dó las artes de los danzadores,
a dó los comeres, a dó los manjares,
a dó la franqueza, a dó el espender,
a dó los rissos, a dó el plazer,
a dó menestriles, a dó los juglares?...

Pues ende buen sesso era guarnescer
de virtudes las almas que están despojadas,
tirar estas honras del cuerpo juntadas,
pues somos ciertos que se han de perder.
Quien este consejo quisiere fazer
non avrá miedo jamás de morir,
mas traspasará de muerte e bevir
vida por siempre sin le fallescer.

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Coplas por la muerte de su padre

Jorge Manrique (1440-1479)

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
e acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido
por pasado.
Non se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.

Invocación:

Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
non curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores;
A Aquél sólo me encomiendo,
Aquél sólo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo
el mundo no conoció
Su deidad.

Este mundo es el camino
para el otro, qu'es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nascemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.

Este mundo bueno fue
si bien usásemos dél
como debemos,
porque, segund nuestra fe,
es para ganar aquél
que atendemos.
Y Aún el Hijo de Dios,
para sobirnos al cielo
descendió
a nascer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
do murió.

Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdamos:

dellas deshace la edad,
dellas casos desastrados
que acaescen,
dellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallecen.

Decidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color y la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas e ligereza
e la fuerça corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

Pues la sangre de los godos,
y el linaje e la nobleza
tan crescida,
¡por cuántas vías e modos
se pierde su grand alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
¡por cuán baxos e abatidos
que los tienen!
¡Otros que, por no tener,
con oficios non debidos
se mantienen.

Los estados e riqueza
que nos dexan a deshora,
¿quién lo duda?
no les pidamos firmeza,
pues son de una señora
que se muda.
Que bienes son de Fortuna
que revuelven con su rueda
presurosa,
la cual non puede ser una
ni ser estable ni queda
en una cosa.

Pero digo que acompañen
e lleguen hasta la huesa
con su dueño:
por eso non nos engañen,
pues se va la vida apriesa
como un sueño;
e los deleites d'acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
e los tormentos d'allá,
que por ellos esperamos,
eternales.

Los placeres e dulçores
de esta vida trabajada
que tenemos,
qué son sino corredores,
e la muerte, la celada
en que caemos.
No mirando nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
desque vemos el engaño
e queremos dar la vuelta,
no hay lugar.

Si fuese en nuestro poder
tornar la cara fermosa
corporal,
como podemos hacer
el alma tan glorïosa,
angelical,
¡qué diligencia tan viva
tuviéramos cada hora,
e tan presta,
en componer la cativa,
dexándonos la señora
descompuesta!

Esos reyes poderosos
que vemos por escripturas
ya pasadas,
por casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y perlados,
así los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

Dexemos a los troyanos,
que sus males non los vimos
ni sus glorias;
dexemos a los romanos,
aunque oímos y leímos
sus hestorias.
Non curemos de saber
lo d'aquel siglo pasado
qué fue de ello;
vengamos a lo d'ayer,
que también es olvidado
como aquello.

¿Qué se hizo el rey don Joan?
Los infantes de Aragón
¿qué se hicieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué fue de tanta invención
como truxeron?
Las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
¿fueron sino devaneos?
¿qué fueron sino verduras
de las eras?

¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
¿Qué se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

Pues el otro, su heredero,
don Enrique, ¡qué poderes
alcançaba!
¡Cuán blando, cuán halagüero
el mundo con sus placeres
se le daba!
Mas verás cuán enemigo,
cuán contrario, cuán crüel
se le mostró;
habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duró con él
lo que le dio!

Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos d'oro,
las vajillas tan febridas,
los enriques e reales
del tesoro;
los jaeces, los caballos
de sus gentes e atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

Pues su hermano el inocente,
qu'en su vida sucesor
se llamó,
¡qué corte tan excellente
tuvo e cuánto gran señor
le siguió!
Mas, como fuese mortal,
metióle la muerte luego
en su fragua.
¡Oh, juïcio divinal,
cuando más ardía el fuego,
echaste agua!

Pues aquel gran Condestable,
maestre que conoscimos
tan privado,
non cumple que dél se hable,
sino sólo que lo vimos
degollado.
Sus infinitos tesoros,
sus villas e sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?
¿Qué fueron sino pesares
al dexar?

E los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
como reyes,
c'a los grandes e medianos
traxeron tan sojuzgados
a sus leyes;
aquella prosperidad
que tan alta fue subida
y ensalzada,
¿qué fue sino claridad
que cuando más encendida
fue amatada?

Tantos duques excellentes,
tantos marqueses e condes
e barones
como vimos tan potentes,
di, muerte, ¿dó los escondes
y traspones?
Y las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, t'ensañas,
con tu fuerza las atierras
y desfaces.

Las huestes innumerables,
los pendones, estandartes
e banderas,
los castillos impugnables,
los muros y balüartes
e barreras,
la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovecha?
que si tú vienes airada,
todo lo pasas de claro
con tu flecha.

Aquél de buenos abrigo,
amado por virtüoso
de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
e tan valiente;
sus hechos grandes y claros
non cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hacer caros
pues qu'el mundo todo sabe
cuáles fueron.

¡Qué amigo de sus amigos!
¡Qué señor para criados
e parientes!
¡Qué enemigo d'enemigos!
¡Qué maestro de esforzados
e valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Cuán benigno a los subjetos!
¡A los bravos e dañosos,
qué león!

En ventura Octaviano;
Julio César en vencer
e batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal en el saber
e trabajar;
en la bondad, un Trajano;
Tito en liberalidad
con alegría;
en su brazo, un Aureliano;
Marco Tulio en la verdad
que prometía.

Antonio Pío en clemencia;
Marco Aurelio en igualdad
del semblante;
Adriano en la elocuencia;
Teodosio en humanidad
y buen talante;
Aurelio Alejandro fue
en disciplina e rigor
de la guerra;
un Constantino en la fe,
Camilo en el grand amor
de su tierra.

No dejó grandes tesoros,
ni alcanzó muchas riquezas
ni vaxillas;
mas fizo guerra a los moros,
ganando sus fortalezas
e sus villas;
y en las lides que venció,
muchos moros y caballos
se perdieron;
y en este oficio ganó
las rentas e los vasallos
que le dieron.

Pues por su honra y estado,
en otros tiempos pasados,
¿cómo se hubo?
Quedando desamparado,
con hermanos e criados
se sostuvo.
Después que fechos famosos
hizo en esta misma guerra
que hacía,
hizo tratos tan honrosos
que le dieron aún más tierra
que tenía.

Estas sus viejas historias
que con su brazo pintó
en juventud,
con otras nuevas victorias
agora las renovó
en senectud.
Por su grande habilidad,
por méritos e ancianía
bien gastada,
alcançó la dignidad
de la gran Caballería
del Espada.

E sus villas e sus tierras
ocupadas de tiranos
las halló;
mas por cercos e por guerras
e por fuerza de sus manos
las cobró.
Pues nuestro Rey natural,
si de las obras que obró
fue servido,
dígalo el de Portugal
y en Castilla quien siguió
su partido.

Después de puesta la vida
tantas veces por su ley
al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su Rey
verdadero;
después de tanta hazaña
a que non puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa d'Ocaña
vino la muerte a llamar
a su puerta,
diciendo: «Buen caballero,
dejad el mundo engañoso
e su halago;
vuestro corazón de acero,
muestre su esfuerzo famoso
en este trago;
e pues de vida e salud
hicisteis tan poca cuenta
por la fama,
esfuércese la virtud
para sofrir esta afrenta
que os llama.

»No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama glorïosa
acá dexáis,
(aunque esta vida d'honor
tampoco no es eternal
ni verdadera);
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal
perecedera.

»El vivir que es perdurable
non se gana con estados
mundanales,
ni con vida deleitable
en que moran los pecados
infernales;
mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
e con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos e aflicciones
contra moros.

E pues vos, claro varón,
tanta sangre derramastes
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganastes
por las manos;
e con esta confianza
e con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperança,
qu'estotra vida tercera
ganaréis.»

«No tengamos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
e consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara e pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura.

Oración:

Tú, que por nuestra maldad,
tomaste forma servil
y baxo nombre;
Tú, que en tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre;
Tú, que tan grandes tormentos
sofriste sin resistencia
en tu persona,
non por mis merescimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona.»

Fin:

Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
e de sus hijos e hermanos
e criados,
dio el alma a quien se la dio
(el cual la dio en el cielo
y en su gloria),
que aunque la vida perdió
nos dexó harto consuelo
su memoria.

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Décima

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681)

Esa seda que rebaja
tus procederes cristianos
obra fue de los gusanos
que labraron su mortaja.
También en la región baja
La tuya han de devorar.

¿De qué te puedes jactar
ni en qué tus glorias consisten
si unos gusanos te visten
y otros te han de desnudar?

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La muerte es la vida

Gabriel Álvarez Toledo (1662-1714)

Esto que vive en mí, por quien yo vivo,
es la mente inmortal de Dios, criada
para que, en su principio transformada,
anhele al fin de quien el ser recibo.

Mas del cuerpo mortal al peso esquivo,
El alma en un letargo sepultada,
Es mi ser en esfera limitada,
De vil materia mísero cautivo.

En decreto infalible prescribe
que al golpe justo que su lazo hiere,
de la cadena terrenal me prive.

Luego con fácil conclusión se infiere
que muere el alma cuando el hombre vive,
que vive el alma cuando el hombre muere.

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A la muerte

Guillermo Blest Gana (1830-1920)

Seres queridos te miré sañuda
arrebatarme, y te juzgué implacable
como la desventura, inexorable
como el dolor y cruel como la duda.

Mas hoy que a mí te acercas fría, muda,
sin odio y sin amor, ni hosca ni afable,
en ti la majestad de lo insondable
y lo eterno mi espíritu saluda.

Y yo, sin la impaciencia del suicida,
ni el pavor del feliz, ni el miedo inerte
del criminal, aguardo tu venida;
que igual a la de todos es mi suerte:
cuando nada se espera de la vida,
algo debe esperarse de la muerte.

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Para entonces

Manuel Gutiérrez Nájera (1848-1918)

Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía
y el alma un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven; antes de que destruya
el tiempo aleve la gentil corona,
cuando la vida dice aún: "Soy tuya",
aunque, sepamos bien, que nos traiciona.

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Cerraron sus ojos

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

Cerraron sus ojos,
que aún tenía abiertos;
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
y otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

La luz, que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho,
y entre aquella sombre
veíase a intervalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día,
y a su albor primero,
con sus mil ruïdos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterios,
de luz y tinieblas,
medité un momento:
¡Dios mío, que solos
se quedan los muertos!

De la casa, en hombros,
lleváronla al templo,
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
De amarillas velas
Y de páños negros.

Al dar de las ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos;
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron
y el santo recinto
quedóse desierto.

De un reloj se oía
compasado el péndulo,
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba,
que pensé un momento:
¡Dios mío, que solos
se quedan los muertos!

De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila
formando cortejo.

Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo.
Allí la acostaron,
tapiáronla luego,
y con un saludo
despidióse el duelo.

La piqueta al hombro,
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
Reinaba el silencio;
Perdido en las sombras,
Medité un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidiros
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a solas me acuerdo.

Allí cae la lluvia
Con un son eterno;
Allí la combate
El soplo del cierzo;
Del húmedo muro
Tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan sus huesos!

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es vil materia,
podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
que al par nos infunde
repugnacia y duelo,
al dejar tan tristes,
tan solos los muertos!

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El enamorado y la Muerte

Romance de origen español,
versión de Michoacán

Un sueño soñaba anoche
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores
que en mis brazos los tenía.

Vi entrar señora muy blanca
muy más que la nieve fría.
«¿Por dónde has entrado amor?
¿Cómo has entrado mi vida?

»Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.»
«No soy el amor amante:
soy la Muerte, Dios me envía»

«¡Ay!, muerte tan rigurosa
déjame vivir un día»
«un día no puede ser,
una hora tienes de vida.»

Muy de prisa se calzaba,
muy de prisa se vestía;
ya se va para la calle
en donde su amor vivía.

«Ábreme las puertas, Blanca,
ábreme las puertas, niña.»
«¿Cómo te podré yo abrir,
si la ocasión no es venida?

»Mi padre se fue a palacio,
mi madre no está dormida.»
«Si no me abres esta noche
nunca me abrirás, querida.

»La muerte me está rondando:
Junto a ti, vida sería.»
«Véte bajo mi ventana
donde labraba y cosía.

»Te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el hilo no alcanzare,
mis trenzas añadiría.»

Se rompió el cordón de seda;
la muerte que ahí venía:
«Vamos el enamorado,
que la hora ya es cumplida.»

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La Muerte

Tomás Méndez

Viene la Muerte luciendo
mil llamativos colores.
«Véndeme un beso, Pelona,
que ando huérfano de amores.»

El mundo es una arenita
y el sol es otra chispita,
y a mí me encuentran tomando
con la Muerte, en las cantinas.

No le temo a la muerte:
más le temo a la vida.
¡Cómo cuesta morirse
cuando el alma anda herida!

Dicen que van a asustarme
llevándome a tu presencia.
Si estás durmiend en mi vida
es natural si despiertas.

Se va la muerte cantando
por entre la nopalera:
«¿En qué quedamos, Pelona,
me llevas o no me llevas?»

No le temo a la muerte:
más le temo a la vida.
¡Cómo cuesta morirse
cuando el alma anda herida!

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Allá a lo lejos, o
Cuando dos almas...

Procede de Artega, Coahuila, ca. 1920
Cación arraigada popularmente en Sinaloa.

Allá, a lo lejos, se miran los tristes reflejos
de un sol que no vuelve jamás,
como jamás nunca vuelven, cielito mío
los que del mundo se van.

Cuando dos almas se quieren, por más que se alejen,
no se pueden nunca olvidar.
Por eso ahora te encargo que cuando muera
nunca me dejes de amar.

Si vas al campo, donde los muertos reposan ya,
busca mi tumba, que entre las otras encontrarás;
llévame flores, como gardenias y resedá,
muchas violetas y nomeolvides, y nada más.

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Cuando dos almas... (bis)

Cuando dos almas se quieren, por más que se alejen,
no se pueden nunca olvidar.
Por eso, cielito lindo, cuando yo muera
nunca me dejes de amar.

Si vas al campo, donde los muertos reposan ya,
busca mi tumba, y allí solita la encontrarás.
Llévale flores, muchas gardenias y un rosal,
que sean violetas, y no me olvides, y nada más.

[Índice]

Calaveras editadas por
Antonio Vanegas Arroyo

Gran Baile de Calaveras (1906)

Llegó la gran ocasión
de divertirse de veras.
Van a hacer las calaveras
Su fiesta en el Panteón.

Las flautas son de canillas.
De huesos son los violines.
De cráneos los cornetines.
Los fagós de rabadillas.

Las viuditas relamidas
que se precian de virtuosas
asistirán ruborosas
todas de blanco vestidas.

Un militar esforzado
Que en todas partes corría
La gran cruz de valentía
Lucirá muy esforzado.


Los sudarios se reforman,
se remiendan las mortajas
y con las fúnebres cajas
estrado y gradas se forman.

Bailarán los comerciantes,
Los sastres y los cocheros,
Los soldados, los pulqueros,
Albañiles y estudiantes.

Ingenieros y cantores,
dependientes y modistas,
carretoneros y artistas,
lavanderas y pintores.

Será una gran igualdad
que nivele grande y chico.
No habrá ni pobre ni rico
en aquella sociedad.

El que quiera la función
mirar de las calaveras
que se muera de deveras
y que se vaya al Panteón.

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Regalo de Calaveras (1910)

Es calavera el inglés,
calavera el italiano,
calavera fue el francés,
lo mismo Maximiliano.
El Pontífice Romano
y todos los cardenales,
reyes, duques, concejales
y el jefe de la nación.
En la tumba son iguales:
Calaveras del montón.

Calavera el general
y todos sus ayudantes:
coroneles, comandantes
y el furioso capitán.
Los subalternos serán
calaveras en dos tiempos.

En uno, son los sargentos,
los cabos en pelotón.
Los soldados son, por cientos,
Calaveras del montón.

Los mártires borrachitos
Son ánimas sin pecado
Pues en el mundo han pagado
sus penas y sus delitos.
Sufren los inocentitos
Tirados en duro suelo.
¡Cuánta aflicción sin consuelo
si están crudos o en prisión!
Justo es que vayan al cielo,
sin ser huesos del montón.

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Calaveras de las elecciones presidenciales (1919)

Yo os propongo al nunca bien
ponderado y grande mico,
ilustre Chónforo Vico,
escapado de Belén.

Prófugo de las Marías,
gran maestro en la ganzúa,
instruido en San Juan de Ulúa
y en la Penitenciaría.

Sabe abrir las cajas fuertes
Y extraer una cartera.
Ha sido gran calavera
Y debe catorce muertes.

Elegid pues pueblo amado
sin dudar y a tapahocico
al muy ilustre y nombrado
y noble Chónforo Vico.

Después de discursos tales
llenos de frases sinceras
se fueron las calaveras
a las urnas sepulcrales.

Salió electo presidente
por su real y hermoso pico
el notable, prominente,
ilustre Chónforo Vico.

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Décimas a la muerte

Elías Nandino (1903- )

I

He de morir de mi muerte,
de la que vivo pensando,
de la que estoy esperando
y en temor se me convierte.
Mi voz oculta me advierte
que la muerte con que muera
no puede venir de fuera,
sino que debe nacer
de la hondura de mi ser
donde crece prisionera.

II

De tanto saberte mía,
muerte, mi muerte sedienta,
no hay minuto en que no sienta
tu invasión lenta y sombría.
Antes no te conocía
o procuraba ignorarte,
pero al sentirte y pensarte
he podido comprender
que vivir es aprender
a morir para encontrarte.

III

Sufro tu cauce sombrío
que bajo mi piel avanza
fatigando mi esperanza
con su oculto desafío.
Yo siento que tu vacío
de mis entrañas respira
y que sediento me mira
desde mi sangre hacia fuera
como verdad prisionera
que en contra de mí conspira.

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Qué es morir?

Elías Nandino (1903- )

Morir es
Alzar el vuelo
sin alas,
sin ojos
y sin cuerpo.

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Décima Muerte

Javier Villaurutia (1903-1950)

¿Qué prueba de la existencia
habrá mayor que la suerte
de estar viviendo sin verte
y muriendo en tu presencia!
Esta lúcida conciencia
de amar a lo nunca visto
y de esperar lo imprevisto;
este caer sin llegar
es la angustia de pensar
que puesto que muero existo.

Si en todas partes estás,
en el agua y en la tierra,
en el aire que me encierra
y en el incendio voraz;
y si a todas partes vas
conmigo en el pensamiento,
en el soplo de mi aliento
y en mi sangre confundida,
¿no serás, Muerte, en mi vida,
agua, fuego, polvo y viento?

Si tienes manos, que sean
de un tacto sutil y blando,
apenas sensible cuando
anestesiado me crean;
y que tus ojos me vean
sin mirarme, de tal suerte
que nada me desconcierte
ni tu vista ni tu roce,
para no sentir ni un goce
ni un dolor contigo, Muerte.

Por caminos ignorados,
por hendiduras secretas,
por las misteriosas vetas
de troncos recién cortados
te ven mis ojos cerrados
entrar a mi alcoba oscura
a convertir mi envoltura
opaca, febril, cambiante,
en materia de diamante
luminosa, eterna y pura.

No duermo para que al verte
llegar lenta y apagada
para que al oír tu pausada
tu voz que silencios vierte,
para que al tocar la nada
que envuelve tu cuerpo yerto,
para que a tu olor desierto
pueda, sin sombra de sueño,
saber que de ti me adueño,
sentir que muero despierto.

La aguja del instantero
recorrerá su cuadrante,
todo cabrá en un instante
del espacio verdadero
que, ancho, profundo y señero,
será elástico a tu paso
de modo que el tiempo cierto
prolongará nuestro abrazo
y será posible, acaso,
vivir después de haber muerto.

En el roce, en el contacto,
en la inefable delicia
de la suprema caricia
que desemboca en el acto,
hay el misterioso pacto
del espasmo delirante
en que un cielo alucinante
y un infierno de agonía
se funden cuando eres mía
y soy tuyo en un instante.

Hasta en la ausencia estás viva:
porque te encuentro en el hueco
de una forma y en el eco
de una nota fugitiva;
porque en mi propia saliva
fundes tu sabor sombrío,
y a cambio de lo que es mío
me dejas sólo el temor
de hallar hasta en el sabor
la presencia del vacío.

Si te llevo en mí prendida
y te acaricio y escondo;
si te alimento en el fondo
de mi más secreta herida;
si mi muerte te da vida
y goce mi frenesí
¿qué será, Muerte, de ti
cuando al salir yo del mundo,
deshecho el nudo profundo,
tengas que salir de mí?

En vano amenazas, Muerte,
cerrar la boca a mi herida
y poner fin a mi vida
con una palabra inerte.
¿Qué puedo pensar al verte,
si en mi angustia verdadera
tuve que violar la espera;
si en vista de tu tardanza
para llenar mi esperanza
no hay hora que yo no muera!

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"... Una muerte adelante"

Manuel Ponce (1913-?)

I

Muero, entre muero y no muero
esponja de sinsabor,
sin el maduro dolor
enroscado del madero.

No en el instante mejor
del náufrago y el lucero
cuando en la oquedad del cero
finca el más allá de por.

Sino en sorda sima impura,
mi muerte de porque sí
que expansa voz que se lanza.

Ni le asalta la locura,
ni le huye el frenesí,
ni le rinde mi esperanza.

II

Muero, entre muero y no muero:
frontera duda me das,
muerte, si está por demás
tu clava de lo certero.

Se hace la mano compás
inmóvil por lo que espero,
la que está al caer primero
y lo que viene detrás.

Anclado instante movible,
dudoso y claro timón,
posesión de lo posible.

A mi congoja no alcanza
ni, anclalunas, tu aguijón,
ni, altamares, la esperanza.

III

Muero entre muero y no muero:
no imagen que el sueño da,
no porque no muera ya,
porque muero verdadero.

Ni de grano en el granero,
ni de ostracismo de acá,
ni de fruto que aún está
en la hoja prisionero.

Yo muero por espejismo:
por creer la rosa, rosa
y darle muerte en mi asedio.

Por darle muerte al abismo
y dar en el que me acosa,
muero en la muerte de en medio.

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Rosa ...el Señor que lo veía
a mi paso sembró rosas.
Rafael Arévalo Martínez