Arts, science, social science, and mysticism—Julian Carrillo and the 13th Sound, Michael Servetus, Poetry,Preventing the abuse of alcohol and drugs, Human sexuality, Carl Sagan, Jorge Negrete, Mexico

mariposa ...y porque era el alma mía
l'alma de las mariposas...

Ricardo López Méndez

tintero

(1903-1989). El Vate López Méndez fue durante muchos años el "letrista" indispensable de los compositores más populares de México (como lo sería Mario Molina Montes en los 60 y 70): desde Tata Nacho, Guty Cárdenas y Mario Talavera, hasta Gabriel Ruiz. Sin embargo, en una época en que se tenía muy poco respeto por los derechos de autor, mucha gente recuerda el nombre del compositor de las canciones, pero no al autor de sus letras. Tampoco es considerado en las historias de la literatura mexicana. Ricardo López Méndez nació en Izamal, Yucatán. Fue director de la Biblioteca Pública y asesor de Felipe Carrillo Puerto cuando éste fue gobernador de Yucatán (1922-1924). En 1927 llegó a la Ciudad de México como representante del gobierno de Yucatán. Fue locutor fundador de la XEW (1930-1980), donde convivió con los también locutores Manuel Bernal El Declamador de América y Arturo de Córdova. Fue vicepresidente de la Sociedad de Autores y Compositores. Fundó la XECM en Cd. Mante Tamaulipas, primera emisora de tipo rural, que a la par opearaba tambien con las siglas XECMT para onda corta.

El Credo Mexicano  y el Poema en tu cuerpo  fueron grabados para la RCA Víctor mexicana por El Declamador de América, Manuel Bernal, y de esas grabaciones los hemos transcrito. Entre sus obras, además de famosas canciones y el Credo mexicano, están La imprenta en Yucatán y Voz en la Piedra (poesías).

[Datos biográficos tomados de la Enciclopedia de México, el Diccionario de México (editorial Panorama) y el Gran Diccionario Enciclopédico de México, de Humberto Musacchio (Andrés León Editor). El dato sobre la estación XECM ha sido corregido con base en la información proporcionada por Carlos Aníbal Chávez Rodríguez de caace radioproducción, comunicado personal del 15 de diciembre de 2005]

LopezMendez.jpg 110x153 El Fondo de Cultura Económica editó en el 2004 la obra de Ricardo López Méndez, bajo el título de Poesía y Pensamiento, con nota introductoria de María Teresa Ponce. (Vida y Pensamiento de México 012134R). ISBN 9681672496. Se incluye no solamente su poesía y las letras de las canciones que escribió, sino también artículos periodísticos y ensayos
La figura del Vate Ricardo López Méndez resume una manera de vivir la literatura en México durante la primera mitad del siglo XX: la poesía para ser cantada, la bohemia como paisaje de fondo, los poderes evocativos del periodismo. López Méndez escribió poesía lírica y patriótica en la línea de los estridentistas; años después publicó su "Credo", probablemente el poema más conocido de la poesía civil mexicana. Escribió también la letra de varias de las canciones más populares de México. Este libro reúne su poesía y hace un recuento de la vida de este paradigmático poeta.
http://www.fondodeculturaeconomica.com/detalleLibro.asp?ctit=012134R&ori=

Índice

Poema en tu cuerpo

Como una hormiga de plata
mi voz va recorriendo, lentamente,
hoy que ya no te veo,
el nardo luminoso de tu cuerpo...
Mi voz, que soy yo mismo
en la presencia de todas las distancias
de tu carne sonora,
que como flor y como seda
gime cuando mi boca se preludia en besos
en la brasa anhelante de tus labios,
clavel sangrando en ríos de esperanza
que disuelven la menta del deseo.
En el seno de sombras de esta noche de otoño
repaso la geometría de tu cuerpo,
hecha de selva y de marfil,
de brisa que se detiende
y toma una forma intangible
para cantar en brazos y cabello
la sinfonía germinal de un sueño
fundido en el crisol de alguna estrella,
¡tan alta y tan lejana,
que sólo en ti se realizó el milagro
y que no vuelve a realizarse nunca!
¡Así, toda desnuda,
como tu ausencia y tu presencia juntas
en tus senos votivos,
vigilantes de mi angustia
que busca en cada ofrenda
el relámpago vivo de tu carne
que estalla en mí
para beber mi aliento!
Entonces, sólo entonces,
tus pestañas me impiden ver tus ojos,
pero sin darme cuenta
de que en ellos he naufragado íntegro
y que no queda del naufragio
sino el despojo de mis alas muertas
sobre la arena fría de una playa sin olas y desierta.
Tú no te entregas nunca:
tu fatiga es tuya solamente;
la disfrutas muy adentro de ti,
como la vida, no sales del botón de la promesa;
cuando te das, te quedas en ti misma,
como la nube que, si se hila en agua
para caer sobre la tierra anitra,
es para levantarse de nuevo
y nuevamente ser agua y nube en el vellón viajero.
Hay islas en tu cuerpo:
las recuerdo una por una
y todas forman el archipiélago de mis besos
que viven de estar en ti presentes
o de quemarse en mí para ser tuyos
y modelarte a su contacto
en el molde sediento de la palabra mía.
Pensar que tú eres mía,
creer que tú eres mía,
saber que tú eres mía
y sentir que lo eres,
como es mía la voz que te acaricia,
como es mía esta sombra que me grita
que es alma para verte.
¡Ah, cómo pudiera ser mar para quedarme en la sirena de tu cuerpo!
¡Ser ola y sal para beber tu cuerpo!
¡Y cómo estoy en ti sin que me veas,
hecho beso y caricia trashumantes
en la selva de voces de tu carne,
y en tu alma la nota de silencio!
¡Oh, lágrimas lloradas
en infinitas noches de angustia de tu cuerpo,
como esta de otoño en que yo siento
que te quedas tallada en mi cerebro
en actitud de mármol,
sin sangre, sin palabras,
presente en el dolor de la distancia,
quieta en la piedra de mi propio llanto!,
pero al tender los brazos cansados
se me escapa como el aliento en que se va la vida
y como luz que adentro se me apaga.

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Primaveral

música: Ignacio Fernández Esperón
Tata Nacho

¡Sensación de poder vivir
emoción de estar junto a ti,
junto, muy junto a ti!
¡Y querer y poderte ver
y poder creer en tu amor!
¡Esperar y saber cantar
y poder reír y llorar
lágrimas sin dolor!
¡Viendo en el alma nacer tu querer
todo se inunda de amor!
¡Bésame más, más, mucho más:
haz que florezca en ti
todo lo que hay en mí!
Corazón que me arruyas
mis canciones son tuyas,
emoción que nació de Dios
en mi vida ha llegado a ser
luz de un amanecer.
¡Viendo en el alma nacer tu querer
todo se inunda de amor!
¡Bésame más, más, mucho más:
haz que florezca en ti
todo lo que hay en mi!

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Íntima

música: Ignacio Fernández Esperón
Tata Nacho

¡Tuyo, muy tuyo
como la perla es del mar:
dentro de ti soy amor
y ansiedad de vivir!
¡Tuyo, muy tuyo,
de nadie más!
¡Mía, muy mía,
como del sol es la luz,
dentro de mí
eres flor
y rumor de canción!
¡Mía, muy mía,
de nadie más!

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De corazón a corazón

música: Gabriel Ruiz

De corazón a corazón,
con la mayor sinceridad,
oye mi confesión de amor
que sólo tú sabrás:
para adorarte sólo yo,
para quererme sólo tú;
que locura querer así
tu en mí, yo en tí
muriendo de amor.

Con mi dolor hecho verdad,
con tu verdad hecha dolor,
hoy que habré de partir,
sin que pueda llorar,
en dondequiera he de pensar en ti
con la esperanza de tornar:
de corazón a corazón
te digo que te quiero.

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Noche

Música: Gabriel Ruiz

Noche...
que murió entre mis labios,
que sigue muriendo,
con ansia aventurera.

Noche...
que quema mi sangre,
y entre sombra y recuerdo
envuelve el pensamiento.

Noche...
en que tuve tus besos,
míos, como tuyos los míos.

Vida,
detenerte quisiera
dentro de mí.

Noche,
que no llegue el olvido,
que haya siempre un latido
de amor en tu corazón.

Noche,
tu perfume se queda
envuelto en la seda
de una canción.

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Nunca

Música: Guty Cárdenas

Yo sé que nunca
besaré tu boca,
tu boca de púrpura encencido;

yo sé que nunca
llegaré a la loca
y apasionada fuente de tu vida.

Yo sé que inutilmente te venero
que inultilmente el corazón te evoca:
pero a pesar de todo yo te quiero
pero a pesar de todo yo te adoro
aunque nunca besar pueda tu boca.

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El Credo Mexicano

México, creo en ti,
como en el vértice de un juramento.
Tú hueles a tragedia, tierra mía,
y sin embargo ríes demasiado,
acaso porque sabes que la risa
es la envoltura de un dolor callado.

México, creo en ti,
sin que te represente en una forma
porque te llevo dentro, sin que sepa
lo que tú eres en mí; pero presiento
que mucho te pareces a mi alma,
que sé que existe, pero no la veo.

México, creo en ti,
en el vuelo sutil de tus canciones
que nacen porque sí, en la plegaria
que yo aprendí para llamarte Patria:
algo que es mío en mí como tu sombra,
que se tiende con vida sobre el mapa.

México, creo en ti,
en forma tal que tienes de mi amada
la promesa y el beso que son míos,
sin que sepa por qué se me entregaron:
no sé si por ser bueno o por ser malo
o porque del perdón nazca el milagro.

México, creo en ti
sin preocuparme el oro de tu entraña:
es bastante la vida de tu barro
que refresca lo claro de las aguas
en el jarro que llora por los poros
la opresión de la carne de tu raza.

México, creo en ti,
porque creyendo te me vuelves ansia
y castidad y celo y esperanza.
Si yo conozco el cielo, es por tu cielo,
si conozco el dolor, es por tus lágrimas
que están en mí aprendiendo a ser lloradas.

México, creo en ti,
en tus cosechas de milagrerías
que sólo son deseo en las palabras.
Te consagras de auroras que te cantan
¡y todo el bosque se te vuelve carne!,
¡y todo el hombre se te vuelve selva!

México, creo en ti,
porque nací de ti, como la flama
es compendio del fuego y de la brasa;
porque me puse a meditar que existes
en el sueño y materia que me forman
y en el delirio de escalar montañas.

México, creo en ti,
porque escribes tu nombre con la equis,
que algo tiene de cruz y de calvario;
porque el águila brava de tu escudo
se divierte jugando a los volados
con la vida y, a veces, con la muerte.

México, creo en ti,
como creo en los clavos que te sangran,
en las espinas que hay en tu corona,
y en el mar que te aprieta la cintura
para que tomes en la forma humana
hechura de sirena en las espumas.

México, creo en ti,
porque si no creyera que eres mío
el propio corazón me lo gritara
y te arrebataría con mis brazos
a todo intento de volverte ajeno
sintiendo que a mí mismo me salvava.

México, creo en ti,
porque eres el alto de mi marcha
y el punto de partida de mi impulso.
¡Mi creo, Patria, tiene que ser tuyo,
como la voz que salva y como el ancla...!

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Rosa ...el Señor que lo veía
a mi paso sembró rosas.
Rafael Arévalo Martínez